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Hoy se cumplen 100 años del nacimiento del escritor mexicano (y poco conocido como poeta) Juan José Arreola.  Como introducción les dejamos la transcripción de la respuesta que dió cuando le preguntaron ¿que es poesía? en un programa televisivo:

¿Qué es la Poesía?

– Muy bien que lo propongas;

Porque en realidad todo lo que importa y vale en este mundo, es lo que legitima nuestra condición de hombres, “es lo poético”.

-Sea en palabra, sea en artes plásticas, sea en actitudes humanas.

-No vale la pena de referirnos a que significa la palabra poesía pues “creación”.

-En realidad la poesía es la posibilidad de ser real del hombre, tu posibilidad de crear, estamos hablando de lenguaje, la poesía es un fenómeno desde luego lingüístico, de ordenación de palabras cuando hay una urgencia autentica, de comunicar una experiencia intima con nuestra percepción del mundo externo, la voluntad expresiva crea la ordenación de las palabras que es estricta.

-Andre Gide llego hacer una broma casi,

Diciendo. . .

“Crea una forma bella, porque una idea más bella todavía, vendrá alojarse en ella”

Y la forma es bella, aunque sea involuntaria inocente como nos ha dicho Borges es una “nóstia” de perfección una nostalgia de manifestación, una nostalgia de armonía.

A continuación les dejamos tres poemas de este gran escritor hispanoamericano:

 

GRAVITACIÓN

Los abismos atraen.
Yo vivo en la orilla de tu alma.
Inclinado hacia ti,
sondeo tus pensamientos,
indago el germen de tus actos.

Vagos deseos se remueven en el fondo,
confusos y ondulantes en su lecho de reptiles.

¿De qué se nutre mi contemplación voraz?
Veo el abismo
y tú yaces en lo profundo de ti misma.
Ninguna revelación.
Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia.
Nada sino el ojo implacable  que me devuelve mi descubierta mirada.
Narciso repulsivo, me contemplo el alma en el fondo de un pozo.

A veces, el vértigo desvía los ojos de ti.
Pero siempre vuelvo a escrutar en la sima.

Otros, felices, miran un momento tu alma
y se van.
Yo sigo a la orilla, ensimismado.

Muchos seres se despeñan a lo lejos.
Sus restos yacen borrosos,
disueltos en la satisfacción.

Atraído por el abismo,
vivo la melancólica certeza
de que no voy a caer nunca.

 

TELEMAQUÍA

Dondequiera que haya un duelo, estaré de parte del que cae. Ya se trate de héroes o rufianes.

Estoy atado por el cuello a la teoría de esclavos esculpidos en la más antigua de las estelas. Soy el guerrero moribundo bajo el carro de Asurbanipal, y el hueso calcinado en los hornos de Dachau.

Héctor y Menelao, Francia y Alemania y los dos borrachos que se rompen el hocico en la taberna, me abruman con su discordia. Adondequiera que vuelvo los ojos, me tapa el paisaje del mundo un inmenso paño de Verónica con el rostro del Bien Escarnecido. Espectador a la fuerza, veo a los contendientes que inician la lucha y quiero estar de parte de ninguno. Porque yo también soy dos: el que pega y el que recibe las bofetadas. El hombre contra el hombre. ¿Alguien quiere apostar?

Señoras y señores: No hay salvación. En nosotros se está perdiendo la partida. El Diablo juega ahora las piezas blancas.

 

LOCO DE AMOR

El desierto jardín de madrugada. Allá va Garci-Sánchez de Badajoz, transido de amoroso desvelo, bajo el peso de su cítara inaudita. Va por el jardín del sueño, loco de amor, escapado de su cárcel divagada. Buscando bajo los lirios la trampa de la acequia. Mundo abajo, razón abajo. Rodando en la pendiente de dos ojos oscuros, feroces de mirada indiferente. Cayendo en el hueco de una oreja sin fondo.

A paletadas de versos tristes cubre su cadáver de hombre desdeñado. Y un ruiseñor le canta exequias de hielo y de olvido. Lágrimas de su consuelo que no hacen maravillas; sus ojos están secos, cuajados de sal ardida en la última noche de su invierno amoroso. Qu’a mí no me mató amor, / sino la tristeza dél.

No morirás del todo, muerto de amor. Algo sigue sonando en la sombra de tu jardín romántico. Mira, aquí hay una nota de tu endecha desoída. Los pájaros cantan todavía en las ramas de tu fúnebre laurel, oh enamorado sacrílego y demente.


Juan José Arreola

Autodidacta, actor y narrador mexicano nacido en Zapotlán (Jalisco). En México hizo teatro con Rodolfo Usigli, Xavier Villaurrutia y en Francia con Louis Jouvet, Jean Louis Barrault. Fue miembro del grupo teatral Poesía en voz alta; fundó talleres literarios, dirigió importantes publicaciones Los presentes, Cuadernos y Libros del unicornio, la revista Mester y las ediciones del mismo nombre, durante la década de 1960. Ha publicado Varia invención (1949), Confabulario (1952), la obra teatral La hora de todos (1954), Bestiario (1958), La feria (1963), La palabra educación (1973), que recopila sus intervenciones orales. Autor de prosa cincelada, breve, humorística, erudita, de añeja tradición y oficio artesanal. Murió el 3 de diciembre del año 2001.