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Borges (1899-1986) es uno de los escritores más importantes del siglo XX, no solamente a nivel nacional en Argentina, su país de origen, sino mundialmente. Su obra incluye cuentos, ensayos y poemas. Sus ideas políticas fueron muy polémicas, lo cual se cree que conspiró en contra de que obtuviese el Premio Nobel de Literatura. De todos modos cosechó numerosos premios en el mundo, como el Cervantes en España.

Sus poemas tratan sobre infinidad de temas principalmente metafísicos, sin embargo escribió también numerosos poemas de amor. Dejamos a continuación una muestra de algunos de ellos:

  1. 1964

    IYa no es mágico el mundo. Te han dejado.
    Ya no compartirás la clara luna
    ni los lentos jardines. Ya no hay una
    luna que no sea espejo del pasado,cristal de soledad, sol de agonías.
    Adiós las mutuas manos y las sienes
    que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
    la fiel memoria y los desiertos días.Nadie pierde (repites vanamente)
    sino lo que no tiene y no ha tenido
    nunca, pero no basta ser valientepara aprender el arte del olvido.
    Un símbolo, una rosa, te desgarra
    y te puede matar una guitarra.

    II

    Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
    Hay tantas otras cosas en el mundo;
    un instante cualquiera es más profundo
    y diverso que el mar. La vida es corta

    y aunque las horas son tan largas, una
    oscura maravilla nos acecha,
    la muerte, ese otro mar, esa otra flecha
    que nos libra del sol y de la luna

    y del amor. La dicha que me diste
    y me quitaste debe ser borrada;
    lo que era todo tiene que ser nada.

    Sólo que me queda el goce de estar triste,
    esa vana costumbre que me inclina
    al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.

  2. El amenazado
    Es el amor. Tendré que cultarme o que huir.
    Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
    La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
    ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
    la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
    la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
    los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
    Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
    Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
    levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
    Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
    Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
    Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
    Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
    (Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
    El nombre de una mujer me delata.
    Me duele una mujer en todo el cuerpo.
  3. El enamorado
    Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
    lámparas y la línea de Durero,
    las nueve cifras y el cambiante cero,
    debo fingir que existen esas cosas.Debo fingir que en el pasado fueron
    Persépolis y Roma y que una arena
    sutil midió la suerte de la almena
    que los siglos de hierro deshicieron.Debo fingir las armas y la pira
    de la epopeya y los pesados mares
    que roen de la tierra los pilares.Debo fingir que hay otros. Es mentira.
    Sólo tú eres. Tú, mi desventura
    y mi ventura, inagotable y pura.
  4. Las causas
    Los ponientes y las generaciones.
    Los días y ninguno fue el primero.
    La frescura del agua en la garganta
    de Adán. El ordenado Paraíso.
    El ojo descifrando la tiniebla.
    El amor de los lobos en el alba.
    La palabra. El hexámetro. El espejo.
    La Torre de Babel y la soberbia.
    La luna que miraban los caldeos.
    Las arenas innúmeras del Ganges.
    Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
    Las manzanas de oro de las islas.
    Los pasos del errante laberinto.
    El infinito lienzo de Penélope.
    El tiempo circular de los estoicos.
    La moneda en la boca del que ha muerto.
    El peso de la espada en la balanza.
    Cada gota de agua en la clepsidra.
    Las águilas, los fastos, las legiones.
    César en la mañana de Farsalia.
    La sombra de las cruces en la tierra.
    El ajedrez y el álgebra del persa.
    Los rastros de las largas migraciones.
    La conquista de reinos por la espada.
    La brújula incesante. El mar abierto.
    El eco del reloj en la memoria.
    El rey ajusticiado por el hacha.
    El polvo incalculable que fue ejércitos.
    La voz del ruiseñor en Dinamarca.
    La escrupulosa línea del calígrafo.
    El rostro del suicida en el espejo.
    El naipe del tahúr. El oro ávido.
    Las formas de la nube en el desierto.
    Cada arabesco del calidoscopio.
    Cada remordimiento y cada lágrima.
    Se precisaron todas esas cosas
    para que nuestras manos se encontraran.
  5. Lo perdido
    ¿Dónde estará mi vida, la que pudo
    haber sido y no fue, la venturosa
    o la de triste horror, esa otra cosa
    que pudo ser la espada o el escudoy que no fue? ¿Dónde estará el perdido
    antepasado persa o el noruego,
    dónde el azar de no quedarme ciego,
    dónde el ancla y el mar, dónde el olvidode ser quien soy? ¿Dónde estará la pura
    noche que al rudo labrador confía
    el iletrado y laborioso día,según lo quiere la literatura?
    Pienso también en esa compañera
    que me esperaba, y que tal vez me espera.
  6. Ausencia
    Habré de levantar la vasta vida
    que aún ahora es tu espejo:
    cada mañana habré de reconstruirla.
    Desde que te alejaste,
    cuántos lugares se han tornado vanos
    y sin sentido, iguales
    a luces en el día.
    Tardes que fueron nicho de tu imagen,
    músicas en que siempre me aguardabas,
    palabras de aquel tiempo,
    yo tendré que quebrarlas con mis manos.
    ¿En qué hondonada esconderé mi alma
    para que no vea tu ausencia
    que como un sol terrible, sin ocaso,
    brilla definitiva y despiadada?
    Tu ausencia me rodea
    como la cuerda a la garganta,
    el mar al que se hunde.

Jorge Luis Borges

Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, e hijo de un profesor, estudió en Ginebra y vivió durante una breve temporada en España relacionándose con los escritores ultraístas. En 1921 regresó a Argentina, donde participó en la fundación de varias publicaciones literarias y filosóficas como Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro en la que publicó esporádicamente; escribió poesía lírica centrada en temas históricos de su país, que quedó recopilada en volúmenes como Fervor de Buenos Aires (1923), Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). De esta época datan sus relaciones con Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández, Alfonso Reyes y Oliveiro Girondo.

En la década de 1930, a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego. A pesar de ello, trabajó en la Biblioteca Nacional (1938-1947) y, más tarde, llegó a convertirse en su director (1955-1973). Conoció a Adolfo Bioy Casares y publicó con él Antología de la literatura fantástica (1940). A partir de 1955 fue profesor de Literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Durante esos años, fue abandonando la poesía en favor de los relatos breves por los que ha pasado a la historia. Aunque es más conocido por sus cuentos, se inició en la escritura con ensayos filosóficos y literarios, algunos de los cuales se encuentran reunidos en Inquisiciones. La historia universal de la infamia (1935) es una colección de cuentos basados en criminales reales. En 1955 fue nombrado académico de su país y en 1960 su obra era valorada universalmente como una de las más originales de América Latina. A partir de entonces se suceden los premios y las consideraciones. En 1961 comparte el Premio Fomentor con Samuel Beckett, y en 1980 el Cervantes con Gerardo Diego. Murió en Ginebra, el 14 de junio de 1986.