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Presentamos hoy una muestra de la poesía de la poeta peruana Pamela Bustíos.  Les dejamos a continuación algunos de sus poemas.

La Banca

Ven, siéntate conmigo, cuéntame un cuento,
un verso, una sombra en el pavimento.
Ven, susúrrame al oído cosas sin sentido,
arráncame una sonrisa y demuele mis lamentos.

Ven, siéntate conmigo, vamos a descubrirnos,
la luz, el mar, el agua que sella una a una nuestras huellas.
Ven, abre tu pecho conmigo, dejemos de excluirnos,
el tiempo disipado es la miel que derraman las botellas.

Ven, siéntete seguro, todo aquí tiene significado,
las líneas de tus manos y las de tu pasado.
Ven, mírame a los ojos y piérdete en ellos,
la oscuridad es infiel pero el sendero iluminado.

Ven, sigamos a oscuras, vamos a extraviarnos,
ingresemos por la cueva y escapemos por el campo.
Ven, siente el pasto en los tobillos y dejemos de afrentarnos,
el cosquilleo de la hierba nuestros cuerpos van forrando.

Ven, asoma tu cabeza, mira el horizonte conmigo,
ese que nos envuelve en los suspiros de nuestros antepasados.
Ven, siéntate conmigo, indúceme calor y súrteme de abrigo,
en esta banca nuestros sueños están resguardados.

Te propongo algo

Te propongo mirarme a los ojos
perderte en su mensaje
sentir como disipa tus miedos
y los descascara sin remedio.

Te propongo paseos sin preguntas
melodías en tus oídos
palabras de aliento
amores desmedidos.

Te propongo un abrazo indestructible
unos besos sabor canela
muchos baños en el mar frío
nuestras sombras travesear juntas.

Te propongo simpleza infinita
caramelos en el cine
poesía de verano
navegar entre tus sueños.

Te propongo hojas caídas en otoño
amores vespertinos
pies descalzos sobre el césped
carcajadas de niños.

Te propongo una vida de colores
caminatas sin descanso
derrumbar muros de llanto
proteger nuestras raíces.

Te propongo charlas de madrugada
bailar bajo la lluvia
perdernos en la niebla y el rocío
secar tus lágrimas sin reparo.

Te propongo un cielo tornadizo
una noche escarchada
un amanecer sin péndulo
el sol entre mis manos.

Vengo de rodillas

Vengo con los negros, hombros fuertes, suelas rotas
cargan sus cajones, ellas, faldas recogidas.
Vengo con los huérfanos, manos conmovidas,
abajo nos olvidan, arriba rezan las devotas…

Vengo con sudores, plastilina y cemento
baldes vacíos, miradas angustiadas.
Vengo a esconderme bajo la ramada,
aulas vacías, inundadas de lamentos.

Vengo con las putas, los payasos, los ladrones
traen sus polillas y sus fiebres de verano.
Vengo con miedo a colgarme del pasamanos,
cierran con cerrojo, sufren los portones.

Vengo a asfixiarme, a dormir con los borrachos,
saca tus charoles, negro, vístete de blanco.
Vengo a regalar poemas, no se los arranco,
noche despiadada, desampara hasta a los machos.

Vengo tras tu velo, labios grandes, pelos rojos
troncos sobre la espalda, recorridos frondosos.
Vengo con la banda, los taxistas perezosos
somos compatriotas de los mismos despojos.

Vengo de rodillas, callos, sangre en las manos
tropas de mujeres, siervas embriagadas.
Vengo a impedir matarnos, vidas despreciadas,
víctimas de embrujos, héroes de antaño.

Y yo que tengo tres cabezas

Y yo que tengo tres cabezas
me he quitado ya el sombrero
al despojarme de mis prendas
sollozo sobre tu cuerpo muerto

Y yo que tengo tres cabezas
atragantándome de lágrimas
cuerpo amortajado en sábanas,
respiro con desespero

Y yo que tengo tres cabezas
desorientada, sin noción del tiempo
vagabundeo en este otoño
manos frías, pies extraviados

Y yo que tengo tres cabezas
he dejado colgada la consciencia
tumbada sobre el césped mojado
veo tu cuerpo que yace a mi lado

Y yo que tengo tres cabezas
me arrastro por un pasillo sombrío
no te encuentro… grito al cielo
¿Dónde estás? ¡¿a dónde te has ido?!

Respira… murmullo abatida.
Respira, no todo es prisa.
Respira que aquí te quedas,
ya se terminó la melodía

Y yo que tengo tres cabezas
sujeto tu sexo entre mis manos
llanto, gozo, gemidos puros…
has partido por culpa del desamparo

Y yo que tengo tres cabezas
siento el ancla atravesar mi pecho,
tengo tres cabezas, si
y un solo corazón quebrado

La señora de la esquina

Gritos de ira, cólera enjaulada.
Pobre desquiciada, dicen algunos.
Palabras de aliento inoportuno,
basta mirarla, una flor abandonada.

Falta de amor, fervor y atención.
¡El diablo ha encendido su candela!
Noche tras noche, la señora se desvela,
sin sueños, ¿quién no pierde la razón?

La peculiaridad que tiene su andar,
al despertar, un tono preciso en sus ojos.
Se limpia, se estira, la escoltan sus despojos,
y su energía queda impregnada al pasar.

Por la noche salen dominantes los cuervos.
La aterrorizan con su revoloteo marcado.
Se embuten en su cerebro ultrajado
y Dios tarda en mandar a sus siervos.

Alaridos de pánico, chillidos de confusión.
La escasa lucidez del día ya es oscuridad.
¿Cuándo llegarán sus días de normalidad?
La vida le usurpó cualquier opción.

De madrugada soltó un canto, ensimismada.
Las familiares súplicas cambiaron de piel,
su voz quebró el silencio de manera cruel,
melodías lánguidas, serenata destemplada.

Ahí continúa la señora en su esquina,
sentada absorta al filo de la vereda;
esperando comprender qué le queda
ignorando su papel en esta vida mezquina.

Hombres…

Jugadores, buscapleitos, aburridos.
¡Caray, que no hay uno con acierto!
Y eso que no estamos entre muertos
tan sólo contándonos cuentos.

¡Que escasez de talento!
¡Que escasez de palabras!
Todos siempre con el mismo lamento
y una esperando que la boca abran…

¡Y es que son unos descarados!
Comiéndonos el coco con vergonzoso talante.
Que cuando nos miran evocan poco,
y cuando echan el cuento es a falta de aguante.

Y al pelotudo que siempre pide que se vacile,
¡a ensayar la escena y decir algo con acierto!
Que todos somos parte del desfile,
mas no todos del mismo concierto.

Entre risas y aviesas miradas,
esas que nos asfixian y sofocan,
Que alguien levante la mano, ¡Dios santo!
Que estamos deambulando las calles
sin melodía y sin encanto.

Mas para algo si sirven, ¡que alivio!
En aquellas noches de pertinaces borracheras,
vienen a darnos placer desmedido
y en despertares de lluvia, sacan sus banderas.

En tránsito

La vida nos tiene andando, explorando
con las manos agitadas por el viento,
derramando alegrías y quebrantos,
el corazón latiendo en reconocimiento.

Y es que estamos aquí para vernos,
para captar nuestros olores carnales.
Estamos danzando al compás de los cerros,
de la melodía de nuestras visiones siderales.

Pasa el tranvía llevándose nuestros sueños;
unos asoman sus venas en busca de luz,
los retraídos se cubren y se hacen pequeños
mientras desparecen cargando su cruz.

Pasamos días en busca de aventuras,
pasamos años exponiendo razones.
Vivimos en colores fomentando locuras
atendiendo a las vibraciones de los corazones.

Travesías, treguas, palabras de mil sabores,
explayando las miradas con un propósito.
Y es que somos cuerpos excitando motores,
sin temor de encontrarnos en tránsito.


Pamela Bustíos
Nacionalidad: Peruana. Resido en Miami Beach, FL
Publico en: paradero mercurial http://paraderomercurial.tumblr.com
Redes sociales: Twitter @pamelabustios

Reseña biográfica:
Pamela Bustíos nació en Lima, Perú, en 1975. Desde los 14 años reside en Miami, Florida. Se tituló en Ciencias de la Comunicación, trabaja en la industria de la música hace más de 20 años y escribe para la Revista Billboard. Escribe poesía desde la adolescencia y publica en el espacio http://paraderomercurial.tumblr.com.

Ha sido publicada en www.lapoesiaalcanza.com.ar