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Benedetti empezó a escribir a los siete años. La característica capacidad de preguntar en la infancia, la curiosidad y la intriga se trasladaron al papel que reunía la letra y los garabatos del pequeño mientras al fondo su papá sintonizaba en la radio los resultados del equipo de fútbol de Uruguay en los Juegos Olímpicos de 1928, versión en la que el seleccionado nacional ganaría y causaría en pequeños como Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia un gusto inquebrantable y acérrimo por los goles, la colectividad y la fiesta de una buena finta.

“No se puede contemplar sin pasión. Quien contempla desapasionadamente, no contempla”, decía Borges. Y Benedetti lo entendió a través del tiempo que nos mostraba más egoístas y menos humanos. El uruguayo escribía con pasión, para paliar sus angustias, y contemplaba el mundo con la distancia del poeta que respeta, que padece. Y entendió que contemplar más no implicaba vivir menos, por el contrario, contemplar le ofrecía un sentido mucho más profundo sobre la existencia suya, la existencia de los otros, la existencia de todos.

Sus versos fueron puñales, como los puñales que cantó Milanés en el 73. Y esos versos filudos y letales llegaron a corazones nobles y también a corazones rocosos, macabros, que tiñeron las calles de sangre ajena y de sangre que circulaba en cuerpos valientes que luchaban por volver a los sueños de antaño, a la cooperación y no a la competencia.

Su tinta fue transgresora de ideales y también de destinos. Como muchos poetas, Benedetti no estuvo exento de historias que cambiaron rumbos. Gracias a Inventario, libro que publicó en 1967, el uruguayo provocó casamientos, evitó suicidios y promulgó una poesía ligada al amor que salvaguarda y que construye añoranzas en tiempos tempestivos.

Dejamos aquí uno de sus poemas que nos muestra como sus versos están llenos de convicción y un poco de utopía.


Todo verdor

Todo verdor perecerá
dijo la voz de la escritura
como siempre
implacable

pero también es cierto
que cualquier verdor nuevo
no podría existir
si no hubiera cumplido su ciclo
el verdor perecido

de ahí que nuestro verdor
esa conjunción un poco extraña
de tu primavera
y de mi otoño
seguramente repercute en otros
enseña a otros
ayuda a que otros
rescaten su verdor

por eso
aunque las escrituras
no lo digan
todo verdor
renacerá.


Mario Benedetti

Poeta y novelista uruguayo nacido en 1920 en Paso de Los Toros. Recibió la formación primaria y secundaria en Montevideo y a los dieciocho años se trasladó a Buenos Aires  donde residió por varios años. En 1945 formó parte del famoso semanario «Marcha» donde colaboró como periodista hasta 1974. Ocupó el cargo de director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Montevideo. Desde 1983 se radicó en España permaneciendo allí la mayor parte del año. Obtuvo el VIII Premio Reina Sofía de Poesía y recibió el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante. Su vasta producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo famosas letras de canciones, cuentos y ensayos, traducidos en su mayoría a varios idiomas. De su extensa obra se encuentran entre otros, la novela «Gracias por el fuego», «El olvido está lleno de memoria», y los poemarios, «Inventario Uno» e «Inventario Dos». Falleció en Montevideo en mayo de 2009.