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Arquetipo del ‘malditismo’ y notorio militante de la izquierda radical antifranquista, es autor de la obra poética más radical y singular de la poesía española de los últimos tiempos y tabú de su generación, condenado a la marginalidad y el escándalo, vivió mucho tiempo recluído en sanatorios psiquiátricos, desde donde desarrolló una gran parte de su obra.

Nació en Madrid el 16 de junio de 1948, hijo del gran poeta astorgano Leopoldo Panero, una de las mejores voces líricas de postguerra, y la escritora y actriz Felicidad Blanc. Era hermano del también poeta Juan Luis Panero, que falleció recientemente, y de “Michi” Panero.

Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y Filología Francesa en la universidad Central de Barcelona, etapa en la que experimentó con diversas drogas, entre ellas la heroína, fuente de inspiración para muchos de sus poemas.

Su formación linguistica también le hizo valedor de numerosos trabajos de traducción.

El reconocimiento de su obra llegó en los años 80, si bien su primera publicación llegó en el año 1968, con el poemario Por el camino de Swan. Después verían la luz Así se fundó Carnaby Street, Teoría , Heroína y otros poemas, Prueba de vida, Poemas de la locura seguido de El hombre elefante y otras muchas de carácter autobiográfico, entre ellas una antología poética en 2003, con la que obtuvo el Premio Estaño de Literatura.

Antonio Huerga y Charo Fierro, amigos y editores del poeta, publicaron sus últimas obras en el sello Huerga Fierro.

“Amigo Leopoldo María Panero, siempre has sido un extraordinario poeta, fiel y amigo de tus amigos. Allí donde estés que sepas que te echaremos de menos”, indica el comentario que la editorial ha colgado en Facebook, que finaliza con un “Te queremos. Descansa en paz”.

Algunos de sus versos

El que no ve (1980)

THE END

He fumado mi vida y del incendio

Sorpresivo quedan

En mi memoria las ridículas colillas:

seres que no me vieron, mujeres con vaho,

humo en las bocas, y silencio

por doquier, como un sudario

para lo que no quise ser, y fue

como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera

que en la escuela aprendieron el Error.

No había nadie en aquel pozo, estaba

vacía la cárcel, pienso cuando

abriendo al fin la puerta, y descorriendo

por fin el cerrojo que me unía

inútilmente a las águilas, y me hacía

amar las islas y adorar la nada, des

descubro

banal, y sonriéndome, la luz.

 

Lepoldo María Panero