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Ida Vitale, poeta uruguaya miembro de la generación del 45 y representante de la poesía esencialista, es una de las voces poéticas más importantes del mundo hispanoamericano.

Conozcamos en este artículo algunos de los poemas de Ida Vitale.

1. Fortuna

En este poema, Vitale repasa los fueros de la existencia de la mujer, transida por los hilos de una historia que abre una libertad incipiente para que la mujer sea, simplemente, humana.

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.

2. Misterios

Para la poeta, el amor se presenta no como un fuego arrasador, sino como una gracia, una luz que se enciende para ser testigo de lo que se comparte, de lo que se espera.

Alguien abre una puerta
y recibe el amor
en carne viva.
Alguien dormido a ciegas,
a sordas, a sabiendas,
encuentra entre su sueño,
centelleante,
un signo rastreado en vano
en la vigilia.
Entre desconocidas calles iba,
bajo cielos de luz inesperada.
Miró, vio el mar
y tuvo a quién mostrarlo.
Esperábamos algo:
y bajó la alegría,
como una escala prevenida.

3. Este mundo

Símbolos de un espacio propio, de la construcción del ser, de su habitación interna, de la pertenencia a sí misma como acto de libertad, son los que nos ofrece en este poema Ida Vitale. Dejemos que su voz nos invite a conocer su mundo.

Sólo acepto este mundo iluminado
cierto, inconstante, mío.
Sólo exalto su eterno laberinto
y su segura luz, aunque se esconda.
Despierta o entre sueños,
su grave tierra piso
y es su paciencia en mí
la que florece.
Tiene un círculo sordo,
limbo acaso,
donde a ciegas aguardo
la lluvia, el fuego
desencadenados.
A veces su luz cambia,
es el infierno; a veces, rara vez,
el paraíso.
Alguien podrá quizás
entreabrir puertas,
ver más allá
promesas, sucesiones.
Yo sólo en él habito,
de él espero,
y hay suficiente asombro.
En él estoy,
me quede,
renaciera.

4. Residua

La inquietud sobre el paso del tiempo, sobre los deseos caprichosos de la memoria, a veces vívida, a veces opaca, se hace presente en la obra de la poeta. Es la inquietud universal: ante lo vivido, solo parece quedar el vértice de una estela primero espumosa y vibrante, luego el compás abierto que cede su vibración hasta fundirse en un océano uniforme. Pero si algo queda, eso que queda, ¿será lo que llaman poesía?, se pregunta Vitale.

Corta la vida o larga, todo
lo que vivimos se reduce
a un gris residuo en la memoria.
De los antiguos viajes quedan
las enigmáticas monedas
que pretenden valores falsos.
De la memoria sólo sube
un vago polvo y un perfume.
¿Acaso sea la poesía?

5. La palabra

Vitale, al igual que muchos poetas, no logra sustraerse a la tentación de escribir sobre esta amante singular que es la palabra. Reflexionar sobre la palabra y el acto creativo mismo, sobre el propio texto que se escribe y discute a la vez, se trata de un ejercicio de autorreflexividad estética, diría la investigadora venezolana Catalina Gaspar en su libro La lucidez poética. En este poema, surge esta mirada.

Expectantes palabras,
fabulosas en sí,
promesas de sentidos posibles,
airosas,
aéreas,
aireadas,
ariadnas.

Un breve error
las vuelve ornamentales.
Su indescriptible exactitud
nos borra.


Ida Vitale 

Poeta y crítica uruguaya nacida en Montevideo en 1924. Estudió Humanidades en su país, siendo profesora de literatura hasta 1973 cuando la dictadura la forzó al exilio.  Vivió en México de 1974 a 1984, radicándose definitivamente  en Austin, Texas, desde 1989. Su obra lírica, caracterizada por una honda emoción expresada de manera lúcida y privada de patetismos, la convierten en una de las voces principales de la llamada generación del 45, y en la actualidad,  en nombre insoslayable del panorama poético hispanoamericano. Además de poeta, es autora de artículos periodísticos y de crítica literaria, así como de numerosas traducciones. Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes: «La luz de esta memoria» en 1949, «Palabra dada» en 1953, «Cada uno en su noche» en 1960,«Oidor andante» en 1972,  «Jardín de sílice» en 1980, «Parvo reino» en 1984, «Sueños de la constancia» en 1988, «Procura de lo imposible» en 1998, «Reducción del infinito» en 2002, «Plantas y animales» en 2003, y «El Abc de Byobu» en 2005.