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“La poesía es un arma cargada de futuro”. Es uno de los poemas más recordados de Gabriel Celaya, célebre poeta vasco de la posguerra y uno de los representantes de la llamada “poesía comprometida”.

Nació en Hernani el 18 de marzo de 1911 y a los 17 años se trasladó a Madrid. En su paso por la Residencia de Estudiantes se codeó con los intelectuales más destacados del lugar, además de conocer a García Lorca, Buñuel, Dalí, Ortega y Gasset, Moreno Villa, Unamuno, Emilio Prados y Juan Ramón Jiménez. A pesar de haber estudiado ingeniería, sus amistades le hicieron decantarse por el mundo de la literatura.

Siempre de la mano de su esposa Amparitxu, la también poetisa Amparo Gastón, su lucha en el bando republicano durante la Guerra Civil le llevó preso a un campo de concentración. Falleció en Madrid el 18 de abril de 1991.

Hoy, se cumplen 109 años de su nacimiento. Estos son algunos de sus versos más célebres:

Consejo mortal

Levanta tu edificio. Planta un árbol.

Combate si eres joven. Y haz el amor, ¡ah, siempre!

Mas no olvides al fin construir con tus triunfos

lo que más necesitas: Una tumba, un refugio.

En el fondo de la noche…

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.

La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.

Con su nimbo de silencio

pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,

pasan como quien suspira,

pasan entre los hielos transparentes y verdes.

A Pablo Neruda

Te escribo desde un puerto.

La mar salvaje llora.

Salvaje, y triste, y solo, te escribo abandonado.

Las olas funerales redoblan el vacío.

Los megáfonos llaman a través de la niebla.

La pálida corola de la lluvia me envuelve.

Te escribo desolado.

Cuéntame cómo vives (Cómo vas muriendo)

Cuéntame cómo vives;

dime sencillamente cómo pasan tus días,

tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres

y las confusas olas que te llevan perdido

en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.

Momentos felices

Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo

tirando todo al fuego: poemas incompletos,

pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,

fotografías, besos guardados en un libro,

renuncio al peso muerto de mi terco pasado,

soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,

La poesía es un arma cargada de futuro

Poesía para el pobre, poesía necesaria

como el pan de cada día,

como el aire que exigimos trece veces por minuto,

para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Los espejos transparentes

Uno dice lo que dice, mas no dice lo que piensa.

Los espejos no reflejan: transparentan.

Todo mira fascinante de frente, pero no existe.

Todo vuelve por detrás y es lo real, invisible.

En lo que veo, no veo; en lo que no veo, creo;

en toda imagen apunta una múltiple presencia,

palpitante intermitencia del corazón: confusión;

y así me siento indeciso como un pobre hombre perdido,

como tú que ¿quién eres?, como yo que ¿quién soy?

La vida, ahí fuera

Esa vida que no es mía y me rodea,

el misterio de la muerte, lo que llamamos la muerte

y el misterio de la vida siempre abierta,

lo que llamamos la vida

en el árbol, en las nubes y en el agua,

y en el viento y en el mundo que es quien es sin ser humano,

y en la inmensa transparencia que no se dice, se muestra

en eso que busqué tanto y ahora encuentro regresando:

La infancia, quizá, la infancia, nuestro final seguro,

nuestro cuento, nuestro canto, nuestra mágica conciencia:

El total de lo sin fin y de la vida abierta.

La vida es tan sencilla…

La vida es tan sencilla que se explica por sí misma,

se basta a sí misma.

¡Mira! Todo está hecho. Todo está ya dado.

Nos basta aceptar

o quizá —somos humanos— alabar

y cantar

a lo que nos maquina sin dejarse pensar.

Todo está aquí. ¿No lo ves?

No hay razón ni más allá.

Dedicatoria final

Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!

Muerdes una manzana. Y la manzana existe.

Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.

Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,

y me das la manzana mordida que muerdo.

¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso

que -¡basta!- te beso!


Gabriel Celaya 

Rafael Múgica, nombre real del poeta español, nació en Hernani,  Guipúzcoa en 1911. Presionado por su padre, se radicó en Madrid donde inició sus estudios de Ingeniería y trabajó por un tiempo en la empresa familiar. Conoció allí a los poetas del 27 y a otros intelectuales que lo inclinaron hacia el campo de la literatura, dedicándose desde entonces por entero a la poesía. En 1947 fundó en San Sebastián, con su inseparable Amparo Gastón, la colección de poesía «Norte». Obtuvo en 1956 el Premio de la Crítica por su libro «De claro en claro», al que siguieron entre otros, «Plural» en 1935, «Cantos Íberos» en 1955, «Casi en prosa» en 1972, «Buenos días, buenas noches» en 1976  y «Penúltimos poemas»  en 1982. En 1986 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas. Falleció en 1991.