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Ya, desengaño mío,
llegasteis al extremo
que pudo en vuestro ser
verificar el serlo.

Todo los habéis perdido;
mas no todo, pues creo
que aun a costa es de todo
barato el escarmiento.

No envidiaréis de amor
los gustos lisonjeros:
que está un escarmentado
muy remoto del riesgro.

El no esperar alguno
me sirve de consuelo;
que también es alivio
el no buscar remedio.

En la pérdida misma
los alivios encuentro:
pues si perdí el tesoro,
también se perdió el miedo.

No tener qué perder
me sirve de sosiego;
que no teme ladrones,
desnudo, el pasajero.

Ni aun la libertad misma
tenerla por bien quiero:
que luego será daño
si por tal la poseo.

No quiero más cuidados
de bienes tan inciertos,
sino tener el alma
como que no la tengo.


Sor Juana Inés de la Cruz

(Juana Inés de Asbaje y Ramírez; San Miguel de Nepantla, actual México, 1651 – Ciudad de México, id., 1695) Escritora mexicana, la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. La influencia del barroco español, visible en su producción lírica y dramática, no llegó a oscurecer la profunda originalidad de su obra. Su espíritu inquieto y su afán de saber la llevaron a enfrentarse con los convencionalismos de su tiempo, que no veía con buenos ojos que una mujer manifestara curiosidad intelectual e independencia de pensamiento.