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I

La canción no es el canto. Al canto lo conocen los mudos.

II

Creíste que podrías burlar a tu destino? El mar arroja los ahogados prematuros y la muerte no abre sus puertas sino a la hora precisa.
Tu cadáver te ha de alcanzar, no tengas cuidado.

III

Tengo hambre. Es necesario que me ponga a ayunar.

IV

No te deseo nada para lo porvenir. Deseo que puedas hacerte un pasado feliz.

VI

La mujer no es una serpiente ni es una flor. No tiene leche debajo de la lengua, ni miel, ni nada: tiene saliva. La mujer es, afortunadamente, todo lo que quieras darle.

VII

Te dicen descuidado por que están acostumbrados a los jardines, no a la selva.

VIII

Empieza a caminar. Todo es cuestión de que empieces a caminar. Levántate. ¿Qué muro podrá detener al paralítico, qué abismo?

IX.

En la tarde quieta las sombras de los árboles juegan a esconderse. En mi corazón juegan las penas, los sueños, los deseos.

X

Se tiró a bucear en lo profundo del lago y andaba a tientas entre las algas y los peces, mientras arriba el viento, cómplice del sol, se llevaba doradas monedas hacia el campo.

XI

¡Qué hermosa es la vida! ¡Cómo nos despoja todos los días, cómo nos arruina implacablemente, cómo nos enriquece sin cesar!

XII

El secreto de Dios:
Acercó sus labios a mi oído
y no me dijo nada.

XIII

Por el ojo de la llave no vas a ver nada en el cuarto a oscuras. Tira la puerta!

XIV

El piquete de una mariposa es más peligroso, mucho más que el de una víbora.

XV

¿Cómo se escribe agua? Se debería escribir haguah, jáguaj… como el que tiene sed.

XVI

Estoy harto de los poetas y de las quinceañeras. Siempre están ensayando su vals de presentación en sociedad.

XVII

El ratón se quejaba en su agujero: No me importa comer trigo, migajas de pan o granos de maíz lo que no soporto del mundo es esta opresión y esta oscuridad.

XIX

Como ahora no hay maestros ni alumnos, el alumno preguntó a la pared: ¿qué es la sabiduría? Y la pared se hizo transparente.

XX

Me habló de la marihuana, de la heroína, de los hongos, de la llaguasa.
Por medio de las drogas llegaba a Dios,
se hacía perfecto, desaparecía.
Pero yo prefiero mis viejos alucinantes: la soledad, el amor, la muerte.

XXI

En el capullo de tu ausencia crece mi corazón. Larva de ti?

XXII

El secreto de Dios:
acercó sus labios a mi oído
y no me dijo nada.

XXIII

Me gustaría ser “jet-set”. Tener una fortuna de veinte mil millones de dólares, yates y palacios, aviones, servidumbres, no hacer nada. Ir de un lado a otro, comprar caballos y pinturas, poetas y jardines, baratijas, museos y danzantes y bahías, ¡Arder, arder, brillar con luz propia, ser uno mismo!

XXIV

El joven artista revolucionario quería, con toda el alma, asustar al burgués.
El joven artista revolucionario vive asustado para siempre por el burgués.

XXV

Con el calor han reventado las moscas. Hay un zumbido de pétalos negros, insistentes picaduras al aire, pieles enmelazadas, horas lentas y torpes en el mismo lugar. Las moscas dan calor, gotas negras y quietas de calor. Entre miles de patas revienta el calor.

XXVI

Se puso a desprender, una tras otra las capas de la cebolla, y decía: He de encontrar la verdadera cebolla, he de encontrarla!

XXVII

¡Qué hermosa es la página de papel en blanco! Es como una mujer desnuda esperándonos. Hay una invitación, una petición, una urgencia, una llamada del destino. Todo acto de amor es una escritura permanente.

XXIX

Cada amanecer doy las gracias por haber sobrevivido a la noche.
Cada anochecer doy las gracias por haber sobrevivido al día.
(Debería dar la gracias, es cierto, por sobrevivirme a mí mismo.)

XXX

Debí haberte encontrado diez años antes o diez años después.
Pero llegaste a tiempo.
Antes, me hubiera gustado conocerte con libertad, sin restricciones.
Sin límites ni complejos.

Después, con calma y serenidad, con paciencia y el tiempo que me permite la experiencia.
Te conocí a tiempo, a tiempo de encontrarte, para saber que existías, para llenar mis ojos y mi boca de tu sabor.

Para encontrarnos en el mismo tiempo y espacio.
Para disfrutarte y que me disfrutes,
Para tocarte y que me toques.

Para que supieras que yo estaba aquí para que me tomaras.
Y que me dejaras tomarte a ti.

No fuiste antes ni después, fuiste a tiempo.
A tiempo para que me enamorara de ti.

XXXI

Derribé la pared más oculta de tu alma y fui a dar al patio de un alma vecina. Derribé otras paredes y siempre encontré acute; con que detrás de un alma hay otras, muchas almas. Por eso pienso que las almas no existen.

XXII

Hay una naturaleza muerta en las calles. El buen pintor de lo inanimado no pinta frutas sobre una mesa, pinta una bandera y una muchedumbre.

XXXIII

La policía irrumpió en la casa y atrapó a los participantes de aquella fiesta. Se los llevó a la cárcel por lujurioso y perversos. Era natural. La policía no puede irrumpir en las calles y acabar con otros escándalos, como el de la miseria.

XXXIV

Cual es la diferencia entre los dos o tres días de la mosca y los doscientos años de la tortuga?

XXXV

El infame despertador, estrellado sobre la pared, hecho pedazos, repiquetea todavía, brinca de un lado a otro, gozoso, perverso, vengativo.

Jaime Sabines