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Roberto Bolaño (1953 – 2003) es una de las figuras literarias chilenas más conocidas de los últimos cincuenta años.

Este conocido escritor y poeta, fallecido en el año 2003, es especialmente reconocido por haber realizado novelas como “Estrella distante” o “Los detectives salvajes”. También es conocido por ser uno de los principales fundadores del movimiento infrarrealista, el cual buscaba la expresión libre de la propia posición vital independientemente de los convencionalismos y límites impuestos por la sociedad.

El camino de este autor, pese a que tal vez recibiera mayor reconocimiento por sus novelas, empezaría de la mano de sus obras líricas, principalmente poemas en los que el autor expresaba sus emociones y pensamientos respecto a una gran diversidad de temas. Y de cara a poder observar y profundizar en su manera de ver las cosas, en este artículo os presentamos una breve selección de los poemas de Roberto Bolaño.

1. Los perros románticos

En aquel tiempo yo tenía veinte años y estaba loco. Había perdido un país pero había ganado un sueño. Y si tenía ese sueño lo demás no importaba. Ni trabajar ni rezar, ni estudiar en la madrugada junto a los perros románticos. Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.

Una habitación de madera, en penumbras, en uno de los pulmones del trópico. Y a veces me volvía dentro de mí y visitaba el sueño: estatua eternizada en pensamientos líquidos, un gusano blanco retorciéndose en el amor.

Un amor desbocado. Un sueño dentro de otro sueño. Y la pesadilla me decía: crecerás. Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto y olvidarás. Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen. Estoy aquí, dije, con los perros románticos y aquí me voy a quedar.

Este poema, publicado en el libro del mismo nombre, nos habla de la juventud y de la locura y el descontrol de las pasiones con las que se suele asociar. Asimismo vemos una posible referencia a la caída de Chile en manos de Pinochet y de su emigración a México.

2. Musa

Era más hermosa que el sol y yo aún no tenía dieciséis años. Veinticuatro han pasado y sigue a mi lado. A veces la veo caminar sobre las montañas: es el ángel guardián de nuestras plegarias. Es el sueño que regresa con la promesa y el silbido.El silbido que nos llama y que nos pierde. En sus ojos veo los rostros de todos mis amores perdidos.

Ah, Musa, protégeme, le digo, en los días terribles de la aventura incesante. Nunca te separes de mí. Cuida mis pasos y los pasos de mi hijo Lautaro. Déjame sentir la punta de tus dedos otra vez sobre mi espalda, empujándome, cuando todo esté oscuro, cuando todo esté perdido.Déjame oír nuevamente el silbido.

Soy tu fiel amante aunque a veces el sueño me separe de ti. También tú eres la reina de los sueños. Mi amistad la tienes cada día y algún día tu amistad me recogerá del erial del olvido. Pues aunque tú vengas cuando yo vaya en el fondo somos amigos inseparables.

Musa, a donde quiera que yo vaya tú vas. Te vi en los hospitales y en la fila de los presos políticos. Te vi en los ojos terribles de Edna Lieberman y en los callejones de los pistoleros. ¡Y siempre me protegiste! En la derrota y en la rayadura.

En las relaciones enfermizas y en la crueldad, siempre estuviste conmigo. Y aunque pasen los años y el Roberto Bolaño de la Alameda y la Librería de Cristal se transforme, se paralice, se haga más tonto y más viejo tú permanecerás igual de hermosa. Más que el sol y que las estrellas.

Musa, a donde quiera que tú vayas yo voy. Sigo tu estela radiante a través de la larga noche. Sin importarme los años o la enfermedad. Sin importarme el dolor o el esfuerzo que he de hacer para seguirte. Porque contigo puedo atravesar los grandes espacios desolados y siempre encontraré la puerta que me devuelva a la Quimera, porque tú estás conmigo, Musa, más hermosa que el sol y más hermosa que las estrellas.

El autor nos habla en este poema de su inspiración poética, su musa, viéndola en diversos ámbitos y contextos.

3. Lluvia

Llueve y tú dices es como si las nubes lloraran. Luego te cubres la boca y apresuras el paso. ¿Como si esas nubes escuálidas lloraran? Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia, esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?

La Naturaleza oculta algunos de sus procedimientos en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde que consideras similar a una tarde del fin del mundo más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida en la memoria: el espejo de la Naturaleza.

O bien la olvidarás. Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos que resuenan en el camino del acantilado importan;Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.

Esta poesía refleja una sensación de extrañeza, tristeza, miedo y desamparo derivada de la observación de la lluvia, la cual también simboliza el dolor y las lágrimas. Esta es un elemento de aparición frecuente en la obra del autor que además suele usar como punto de unión entre lo real y lo irreal.

4. Extraño maniquí

Extraño maniquí de una tienda del Metro, qué manera de observarme y presentirme más allá de todo puente, mirando el océano o un lago enorme, como si de él esperara aventura y amor.Y puede un grito de muchacha en plena noche convencerme de la utilidad de mi rostro o se velan los instantes, placas de cobre al rojo vivo la memoria del amor negándose tres veces en aras de otra especie de amor. Y así nos endurecemos sin abandonar la pajarera, desvalorizándonos, o bien volvemos a una casa pequeñísima donde nos espera sentada en la cocina una mujer.

Extraño maniquí de una tienda del Metro, qué manera de comunicarte conmigo, soltero y violento, y presentirme más allá de todo. Solamente me ofreces nalgas y senos, estrellas platinadas y sexos espumosos. No me hagas llorar en el tren naranja, ni en las escaleras eléctricas, ni saliendo repentinamente a marzo, ni cuando imagines, si imaginas, mis pasos de veterano absoluto nuevamente bailando por los desfiladeros.

Extraño maniquí de una tienda del Metro, así como se inclina el sol y las sombras de los rascacielos, irás inclinando tus manos; así como se apagan los colores y las luces de colores, se apagarán tus ojos. ¿Quién te mudará de vestido entonces? Yo sé quién te mudará de vestido entonces.

Este poema, en que el autor dialoga con un maniquí de una tienda del metro, nos habla de una sensación de vacío y soledad, de la búsqueda del placer sexual como vía de escape y del progresivo apagarse de la ilusión.

5. El fantasma de Edna Lieberman

Te visitan en la hora más oscura todos tus amores perdidos. El camino de tierra que conducía al manicomio se despliega otra vez como los ojos de Edna Lieberman, como sólo podían sus ojos elevarse por encima de las ciudades y brillar.

Y brillan nuevamente para ti los ojos de Edna detrás del aro de fuego que antes era el camino de tierra, la senda que recorriste de noche, ida y vuelta, una y otra vez, buscándola o acaso buscando tu sombra.

Y despiertas silenciosamente y los ojos de Edna están allí. Entre la luna y el aro de fuego, leyendo a sus poetas mexicanos favoritos. ¿Y a Gilberto Owen, lo has leído?, dicen tus labios sin sonido, dice tu respiración y tu sangre que circula como la luz de un faro.

Pero son sus ojos el faro que atraviesa tu silencio. Sus ojos que son como el libro de geografía ideal: los mapas de la pesadilla pura. Y tu sangre ilumina los estantes con libros, las sillas con libros, el suelo lleno de libros apilados.

Pero los ojos de Edna sólo te buscan a ti. Sus ojos son el libro más buscado. Demasiado tarde lo has entendido, pero no importa. En el sueño vuelves a estrechar sus manos, y ya no pides nada.

Este poema nos habla de Edna Lieberman, una mujer de quien el autor estuvo profundamente enamorado pero cuya relación se rompió pronto. Pese a ello, la recordaría a menudo, apareciendo en una gran cantidad de obras del autor.