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Arreola, Juan José. Fue mi maestro, él conoció el proceso de mi novela, José Trigo. En mis inicios como escritor recuerdo que me había maravillado “El guardagujas” de Arreola, por eso me era conocido su nombre cuando me dijeron que entrara al taller literario de Juan José Arreola. Formé parte de su taller y eso resultó un gran estímulo. Con el tiempo se convirtió en mi editor, me publicó nueve poemas en un libro que se titula Sonetos de lo diario, dentro de la colección Cuadernos del Unicornio que coeditó Porrúa. También Antonio Montaño y José de la Colina fueron mis mentores, las personas que me orientaron en mis lecturas, quienes me entusiasmaron para que escribiera.

Borges. “No se puede no ser moderno”, dijo Borges.

Casa editorial. Antes que la Coca-cola y la pasta Colgate, el libro fue el primer producto masivo. Ahora el 80% de los libros que se editan son de superación personal, malos libros de cocina y de computación. Pocos títulos tienen calidad, y aún hay casas editoriales que se resisten a publicar libros voluminosos. En una ocasión me dijeron en una conocida casa editorial: “Si le corta el 30 por ciento del texto le publicamos Noticias del Imperio”. Por supuesto, los mandé a volar.

De la emperatriz Carlota. Cuando estaba escribiendo Noticias del Imperio un día descubrí que la locura de la emperatriz Carlota, estaba destinada a representar a la imaginación (la loca de la casa) y su lucha por conquistar una realidad que se nos escapa todos los días.

Escalera. Cuando se editó Palinuro de México, en una relectura que hice de la novela, me di cuenta que se podía publicar, de forma independiente, Palinuro en la escalera. Noté que era demasiado descriptiva esa parte, muy visual y teatral. Cuando concebí ese capítulo recuerdo que quería escribir teatro, me percaté que le faltaba fuerza a las acciones, por eso se me ocurrió emplear a los personajes de la comedia del arte italiano: Arlequín, Scaramouche, Pantalone, Tartaglia, Colombina, Pierrot. Para mi sorpresa funcionaron muy bien, si no, no los habría incluido. Pero seguramente usted se preguntará por qué un asunto de siglos atrás que nació en Italia funciona en Palinuro; en realidad son personajes picarescos que poseen un carácter latino, expongo una picaresca muy latina y con sus principales armas: el lenguaje verbal y corporal. Me di cuenta que podía haber un Arlequín ruso y un Arlequín mexicano, son seres verdaderamente adaptables a cualquier país, sobre todo a un país occidental.

Francisco del Paso y Troncoso. Era mi tío bisabuelo, quizá heredé de él mi gusto por la historia. Al igual que mi tío, el primer tema que me atrajo de la historia de mi país es la parte que se refiere al México precolombino. Cabe decir que él se acercó a la historia de una manera inesperada: había estudiado medicina, no sabía de qué hacer su tesis y un amigo le propuso: “¿Por qué no investigas sobre la medicina entre los aztecas?”. Entonces comenzó a estudiar, a documentarse y abandonó la ciencia por la historia. Aprendió náhuatl, italiano, inglés; se fue a Europa porque ahí estaban casi todos los códices: el Borbónico, el Florentino, entre otros. Como no existía fotocopiadora, todo se tenía que escribir a mano y para esa labor contaba con amanuenses, y cuando se quedaba sin dinero para pagarles, él mismo copiaba los documentos. Francisco del Paso y Troncoso es reconocido por sus traducciones, recopilaciones y antologías; él elaboró el Epistolario de la Nueva España, antología de 20 mil cartas, dividida en 16 tomos.

Gastronomía. Mi interés por la gastronomía comenzó cuando tenía 20 años. A través de todos estos años, mi esposa, mis hijos y yo hemos puesto en práctica nuestro conocimiento gastronómico. De nuestra experiencia en diversos países y por amigos de distintas nacionalidades, hemos ampliado nuestro gusto culinario; conocemos la cocina europea, la india, la china, la de África del norte, pero la más variada es la cocina mexicana.

Histórico. El compromiso del escritor es con su propia literatura. Naturalmente somos distintos unos de otros, y habrá unos que quieran asumir un compromiso social o histórico por sus lectores; eso hice yo en Noticias del Imperio, sobre todo, lo asumí y lo sigo asumiendo sin olvidar que mi creación es una novela.

Incesto. Para mí la parte más erótica de José Trigoes aquella que narra el incesto de Guadalupe y su hermana: en el día no se confiesan su relación, pero en la noche ella finge estar dormida y él la posee. Aquí el erotismo es un poco violento, en Palinuro de México lo erótico es más bien obscenidad, pero una obscenidad empleada como instrumento de la caricatura; las formas en que hacen el amor Palinuro y Estefanía son tan exageradas que resultan antieróticas. Hay quizás sensualidad, pero ejemplo, cuando Palinuro le dice a Estefanía que le lame los pechos porque le saben a melocotón. En Noticias del Imperio sí hay erotismo a pesar de que retrato a Carlota como una mujer con una enorme frustración sexual. Esto es una invención mía; de acuerdo con algunos historiadores se dice que ella sentía repugnancia y, al mismo tiempo, un gran apetito sexual.

James Joyce. La influencia joyceana la tengo desde antes de leer a Joyce. Cuando trabajaba en una agencia de publicidad, un amigo Antonio Montaño, escritor colombiano, me dijo: “Tú estás haciendo literatura joyceana”. A los 20 años no tenía idea de quién era James Joyce. Montaño me consiguió el Ulises y entonces comprobé que en verdad seguía a Joyce. ¿Cómo se puede haber literatura joyceana sin haber leído a Joyce? Este autor influyó en una gran cantidad de escritores, renovó las técnicas literarias, inventó otras y le dio mayor fuerza y eficacia a la palabra como instrumento, a la frase, al párrafo, a la adjetivación. A muchos escritores les ha llegado la influencia de Joyce a través de otros escritores.

Kafka. Comencé a leer a James Joyce, a William Faulkner, a John Dos Pasos, a Proust, a Kafka, a Valle Inclán y otros tantos. Y, alternados con ellos, a escritores de América Latina. A Carpentier y Cortázar, a Fuentes, a Uslar Pietri y Roa Bastos, a Asturias, a Sabato, y más adelante a García Márquez y Vargas Llosa, a Lezama Lima, y también a los poetas: César Vallejo, Pablo Neruda, Marco Antonio Montes de Oca. Y fue con ellos, con los autores latinoamericanos, con los que aprendí a escribir.

Locutor. A la gente le llama mucho la atención que haya sido locutor en Londres, pero ése no era mi trabajo principal. Era productor de programas, guionista y traductor; era locutor en el turno de la noche, y me acostumbré a trabajar mucho con mi voz. Extraño no estar ante un micrófono. Me hubiera gustado grabar algunas cosas.

Max Aub. Él publicó decenas de libros y ninguno se puede decir que es malo, simplemente fue un autor prolífico. Yo no puedo ser así, pasa casi una década para que se edite otra de mis novelas. Se contaba que Max Aub le dictaba sus libros directamente al linotipista.

Noticias del Imperio. El último año que trabajé la novela, recuerdo que estaba desesperado, saturado y quizá perdí la perspectiva. Por supuesto que un autor nunca tiene una perspectiva clara de su propia obra; a veces es más confusa, otras menos, y en ocasiones puede ser un poco más lúcida. Por ejemplo, cuando se deja dormir un manuscrito varios meses en el cajón y luego se retoma, uno descubre que cosas que pensaba malas ahora son buenas y viceversa. Si a lo largo de algunos años la vida de uno gira en entorno a una obra, sí se presenta el peligro de caer en el aburrimiento. Pero, bueno, finalmente se publicó Noticias del Imperio.

Orizaba. Mis primeros años de infancia los pasé en una casa de la colonia Roma, ubicada en la calle de Orizaba.

Platillo. Uno de mis platillos favoritos es el mole (poblano y verde). No sólo es un platillo sino un milagro, y como tal fenómeno aislado, poco común, irrepetible, inimitable. El mole simboliza un gran mestizaje, pero no nada más con la incorporación de ingredientes de América y Europa sino también de Asia. Pensemos en el comino de Libia; la pimienta negra, el clavo y el azúcar de la India; las almendras de Persia; el anís de Egipto; el ajo de Kirquistán; el sésamo o ajonjolí de África del norte; el cilantro de Babilonia; y la canela de Ceilán. Hay que recordar que el viaje de Cristóbal Colón fue inspirado en la necesidad de conseguir especias ya que con la caída de Constantinopla en manos de los turcos (en 1453) se interrumpió el comercio con Asia. Europa necesitaba encontrar urgentemente otra ruta para las Indias y China.

Quería yo ser tan grande o más que Babe Ruth o Joe di Maggio. La tragedia fue que, en realidad, yo como beisbolista era muy malo pero no lo quería reconocer.

Religión. Coincido con Talleyrand cuando observa que Francia tiene una sola religión y centenares de salsas; mientras que Inglaterra cuenta con centenares de religiones y una sola salsa. Ante un menú poco variado de lo que se acostumbra comer en Inglaterra (pastel de carne y riñón, pastel de papa y carne o sopa de cola de buey), cuando vivimos en Londres mi esposa tuvo que ingeniárselas para preparar otra variedad de platillos.

Socorro Gordillo. Mi compañera de vida, la madre de mis hijos, cómplice de innovaciones gastronómicas.

Trenes. Los trenes tienen algo espacial para mí, desde el punto de vista romántico. Mi abuelo fue ferrocarrilero autodidacta y líder sindical. En la política se desempeñó como presidente de la Cámara de Senadores y como gobernador interino de Tamaulipas. Para no haber contado con una sólida educación (estudió hasta tercer año de primaria), desarrolló una notable carrera política. Por otra parte, los trenes me recuerdan lo fascinante que era Tlatelolco antes que construyeran los multifamiliares; era tal como lo describo en José Trigo: un inmenso llano donde había furgones y vagones que estaban habitados. Había pobreza y, al mismo tiempo, una riqueza plástica muy hermosa. Aún recuerdo las macetas, las flores y los tendederos llenos de colores.

Ulises. La experimentación con el lenguaje, y con ella la pluralidad de estilos y técnicas, han sido vinculados también con el Ulises. Sin embargo, creo necesario señalar que, cuando se imita a Joyce en este sentido, no se está copiando una historia, sino que se copia (o mejor, se utiliza) una forma de contar una historia.

Valle Arizpe. En la Ciudad de México me gustaba visitar el café Napolitano, donde coincidía con don Artemio de Valle Arizpe. A León Felipe lo veía en el Trevi.

Walter Scott. La novela histórica, en sus mejores manifestaciones, no inventa: interpreta y clarifica. Lukács dice que el “anacronismo necesario de Walter Scott consiste expresamente en dejar que sus personajes expresen sentimientos y juicios sobre relaciones históricas reales, en una forma mucho más clara de la que pudieron haberla hecho los hombres y las mujeres de la época”.

Yucateca. Para tener en Londres cebollas moradas, propias de la comida yucateca, una amiga de Socorro le recomendó poner a hervir betabel y con el jugo de éste logró teñir las cebollas de morado.

Zapata. Siempre me he cuestionado el significado de la palabra patria. Acaso los héroes, al igual que la patria, sobrevivían como ángeles en conserva: impecables y diamantinos: Hidalgo, Aldama, Morelos, Juárez, Zapata.


Textos tomados de entrevistas que sostuve con Fernando del Paso (1993 y 2003) y algunos fragmentos de sus artículos y discursos publicados en Amo y señor de mis palabras.

Mary Carmen Sánchez Ambriz.
Ensayista y periodista cultural.