A8285DBF-25B0-47DF-B555-6CC99718E8F6

Hay un dúo de palabras que siempre me ha parecido revelador, no por lo que designa en sí mismo sino más bien por los significados que ciertos fórjadores de acepciones le han acoplado a través del tiempo. Me refiero a la oposición derecha-izquierda, pero sobre todo como expresión verbal de una contradicción política. Se afirma que ambos términos fueron por primera vez usados con un sentido político durante la Revolución Francesa, pero en ese entonces sólo designaban la ubicación (a la derecha o a la izquierda del presidente) de los distintos grupos políticos en la Asamblea Constituyente. Luego, como los de la derecha defendieron un poder fuerte, y los de la izquierda se oponían, las dos palabras sirvieron para etiquetar las distintas posiciones ideológicas. Y así continuó la historia. Izquierdas y derechas han sobrevivido y se han disputado el favor de los pueblos, pero curiosamente los astutos forjadores de acepciones han ido rescatando del pasado viejos signos e inventando otros, a fin de prestigiar la palabra derecha y desacreditar la palabra izquierda.

Basta abrir cualquier diccionario para hallar una verdadera orgía de virtudes junto a la palabra derecha: recto, discreto, erguido, no encogido, cierto, verdadero, equitativo, razonable, juicioso, sano, honesto, sensato, etcétera, pero derecho es siriónimo de diestro, y éste (además de matador de toros, símbolo del coraje y la habilidad) es, asimismo, inteligente, ágil, experto, sagaz, listo, prevenido, despabilado, ducho, avisado, suelto, virtuoso, afortunado, justo, sincero.

El vocablo izquierdo convoca menos ideas afines, aunque ninguna particularmente lozana: zurdo, zocato, torcido. Hay una, sin embargo, que lo resume todo: siniestro. Y ésta sí que convoca equivalentes: aciago, funesto, infeliz, avieso, trágico, lúgubre, espantoso, espeluznante, espantable, perverso, desgraciado, malintencionado, maligno. Y, por si fuera poco, está el lote correspondiente al sustantivo siniestro, o sea: incendio, naufragio, hundimiento, desgracia, desastre, hecatombe, ruina, azote, plaga, avería, resabios, vicios.

Desde niños nos enseñaron que cumplir algo “a derechas” era hacerlo estupendamente: que “ceder a la derecha” era una inequívoca señal de respeto; que convertirse en el brazo o la mano o el ojo derechos de alguien notorio o poderoso era un signo de eficacia e influencia; que entrar en un sitio o en una situación “con el pie derecho” era asegurar el éxito; que el militar “de la derecha” era siempre el superior, y, por si nos quedaban algunas dudas, que el mismísimo Jesús estaba “sentado a la diestra de Dios padre”.

De paso, también aprendimos que había malhechores “con intenciones siniestras”; que la mano izquierda era “la más torpe,, y quien insistía en usarla prioritariamente debía ser curado de esa “enfermedad”, aunque en buena parte de los casos reemplazara la zurdera por la tartamudez; que una “jornada siniestra” era por ejemplo cuando se nos vencía una letra y no teníamos ni cinco; que quien carecía en su cuenta bancaria de ceros a la derecha podía convertirse en un “cero a la izquierda”. Por otra parte, en ediciones recientes, algún diccionario incluye un nuevo hallazgo: izquierdear, obrar insensatamente. Toda una campana semántica contra la izquierda.

Cambiar el signo

Se supone que siniestro deriva del latín vulgar, sinexter, alteración de sinister, por influencia de dexter, o sea que aun etimológicamente lo siniestro está supeditado a lo diestro. La acepción funesta de lo siniestro viene al parecer de la antigüedad y se explica por el significado atribuido al hecho de volar aves por la izquierda. De origen germánico son, en cambio, el bracio godo y el bracio ledro, usados en castellano sólo por los pesadamente eruditos, pero sin prioridad para la diestra o para la siniestra.

Las fuerzas de la naturaleza son después de todo las más independientes y por ello la historía de los naufragios señala que las grandes borrascas no tienen especial preferencia por babor o por estribor, ya que todo depende del voluble talante de Poseidón.

Tal vez haya llegado el momento de restablecer la verdad. Si la dejan tranquila, la semántica política fija sus propios rumbos. Si hoy nos fijáramos hacia dónde vuelan las aves, veríamos que las palomas vuelan hacia la izquierda y son de buen presagio, y en cambio los halcones vuelan hacia la derecha y Dios no ampare.

Cuando las tradiciones verbales pasan por la política, algunas cosas van quedando en claro. Los latinos tenían dos adjetivos: dextrorsum (para designar lo que va de izquierda a derecha) y sinistrorsum (para nombrar lo que va de derecha a izquierda). Es obvio que, por ejemplo, hubo en la España de transición, y habrá seguramente en las etapas poscacerolas del Cono Sur, bastante más sinistrorsos que dextrorsos. Ah, pero en el ancho mundo también hay palíndromos o capicúas, es decir, esas palabras (oro, radar, somos) o frases o señores, que admiten indistintamente una lectura de derecha a izquierda o viceversa. Algo así como avenidas de doble circulación. ¿Recuerda el lector aquello de “Dábale arroz a la zorra el abad”? Bueno, eso era y es un palíndromo, pero hasta la fecha no se ha aclarado si el abad era ecologista. si la vulpe era vegetariana, o si el arroz era simplemente un subterfugio para ocultar otros intercambios. El general Pinochet, en cambio, jamás será palíndromo, ni siquiera dextrorsum. Nació mirando a la derecha.y le vino tortícolis: un irrecuperable. Por otra parte, en los medios rurales, cuando los carreteros quieren que la caballería tuerza a la izquierda, gritan: “¡Riá!”. En los medios urbanos, en cambio, cuando los políticos quieren que la ciudadanía tuerza a la derecha, gritan: “iOtan!”.

Hay que tomar medidas semántico-políticas. Porque de lo contrario, ¿cómo sonaría que en las crónicas de cualquier Cámara o Congreso, en lugar de referirse a una izquierda parlamentaria, se hablara.de una siniestra parlamentaria? ¿O que a algún partido de centro-izquierda se lo llamara de centro- siniestra? ¿O que a la acción de la ultraderecha se la calificara de ultradestreza? (destreza: cualidad de diestro).

Hay que cambiar de signo. Por lo pronto, introducir la conjetura de que Cristo está sentado a la izquierda y no a la diestra de Dios padre. ¿Fundamentos? Creo que bastaría con la tesis del camello, el rico, el ojo de la aguja y el reino de los cielos. Otra sugerencia: en medio de tanta hipocresía en el tema de los derechos humanos, ¿no sería hora de que iniciáramos una campaña internacional por los izquierdos humanos?

Vivimos y morimos a diestro y siniestro. Esa mano de nieve que esperaba Bergamín y que al final llegó, porque tarde o temprano siempre acude a la cita, ,será diestra o siniestra? Lo único que sabemos es que, al menos mientras dure la explosión demográfiea, está prohibida la resurrección, y, por tanto, la muerte no será capicúa.


* Este artículo apareció en la edición impresa del diario El PaísLunes, 12 de septiembre de 1983